Niño sentado a la mesa en casa con sillas vacías alrededor, imagen que representa desequilibrios de roles en la familia.

Cuando un hijo ocupa un lugar que no le corresponde en la familia

por | Terapia familiar

Lo que puede estar pasando (y por qué no se ve a simple vista)

Hay circunstancias familiares que pueden descolocar el lugar que debe ocupar un hijo en la familia. Cuando esto ocurre, los roles se desordenan y comienza a deformarse el funcionamiento familiar. Con este artículo quiero ayudarte a saber identificar lo que está sucediendo y a recolocar el equilibrio sin sentirte culpable. Si buscas acompañamiento profesional, aquí puedes ver cómo trabajo la terapia familiar en Málaga y online.

En la mayoría de las ocasiones, esto no se ve a simple vista. Está oculto en observaciones del tipo:

Frases típicas que pueden ocultar el problema

  • “Es muy maduro para su edad”
  • “Nunca da problemas”
  • “Ayuda muchísimo en casa”
  • “Cuida de su madre”
  • “Tranquiliza a su padre”

Aunque todo esto suene muy bien, en algunos casos detrás de esa madurez hay un problema escondido: un hijo está ocupando un lugar que no le corresponde dentro del sistema familiar, y esto tiene consecuencias en su desarrollo, y también en cómo la familia funciona.

Esta situación no se genera voluntariamente, no se trata de algo que suceda por malas intenciones o negligencias, sino que en la mayoría de los casos se da por dinámicas invisibles que reorganizan el sistema de manera que este puede funcionar sin que los problemas salgan a la superficie. Es la manera que tiene la familia de compensar algunos desajustes.

Entender esto es el primer paso para dirigiros a un equilibrio más sano.

Una metáfora para entenderlo: la mesa y las sillas

Podríamos ver la familia como una mesa rodeada de sillas. Cada miembro de la familia tiene su lugar en la mesa: los adultos ocupan los lugares de mayor responsabilidad y sostén (la presidencia) y los hijos los lugares de crecimiento y dependencia.

Cuando todo está en orden y equilibrio, cada miembro ocupa su sitio, pero a veces, sin darnos cuenta, las sillas pueden mezclarse y si un adulto deja su silla vacía, uno de los menores puede ocuparla.

Nos damos cuenta de que un niño está ocupando un lugar equivocado cuando empieza a mediar en conflictos de adultos, cuando se convierte en la persona dentro de la familia dedicada a consolar emocionalmente a uno o ambos progenitores, cuando comienza a asumir tareas que no son propias de su edad y/o a cargar con responsabilidades que no es capaz de procesar.

¿Cómo ocurre sin que nadie lo decida?

“¿Cómo ocurre esto si nadie lo decide o se da cuenta?”

Bien, es una buena pregunta. La verdad es que este tipo de movimientos no se suele hacer de manera explícita. Es decir, que ocurre poco a poco, como mecanismo de compensación de una situación desequilibrada o disfuncional.

Situaciones en las que puede ocurrir

Puede ocurrir cuando:

  • Uno de los progenitores se encuentra emocionalmente solo.
  • Cuando los conflictos entre los padres son constantes.
  • Cuando hay enfermedad física o mental en la familia.
  • Cuando ha habido una separación/divorcio difícil o traumático.
  • Cuando la familia arrastra historias difíciles de pérdida o trauma.

Los niños, como los adultos, son sensibles a la fragilidad que puede haber en una familia, y desde el amor, como haríamos los adultos, pueden intentar sostenerla. Si además notas que en casa se desbordan más que fuera, quizá te ayude leer por qué los niños se portan peor con sus padres.

El problema es que cuando un hijo ocupa un lugar que no le corresponde, se convierten simbólicamente en bastón.

Es un bastón que sostiene emocionalmente a los miembros de la familia, que acompaña y regula el sistema familiar. Y los niños no están preparados para sostener; ellos están en una etapa de la vida en la que deben ser sostenidos.

Señales de que un hijo está ocupando un lugar que no le corresponde

Estas son señales que pueden servir de orientación y alerta; no obstante, si crees que tu hijo o hija o familia puede estar sufriendo, consulta con un profesional y busca ayuda.

Si el menor:

  • Se preocupa en exceso por el bienestar emocional del progenitor/progenitores.
  • Intenta mediar en discusiones.
  • Siente responsabilidad por el estado emocional de sus padres.
  • Es “demasiado autónomo” para su edad.
  • Muestra dificultad para relajarse o jugar libremente.
  • Se ha convertido en confidente emocional de sus padres.

Puede que sean niños a los que en la familia se les admira por su madurez y responsabilidad, pero que por dentro están sosteniendo una carga que no les corresponde y que les impide desarrollarse adecuadamente.

¿Qué consecuencias puede tener a largo plazo?

A largo plazo, el menor puede aprender que su valor está en cuidar de los demás y desconectarse de sus propias necesidades, desarrollar una hiperresponsabilidad que le genere miedo y ansiedad, y sentir culpa cuando no pueda llegar a todo o sostener a los que le rodean.

Puede que en el futuro sienta dificultad para pedir ayuda y que se exija en exceso.

No se trata de estar herido o roto, sino de haber aprendido a funcionar de esta manera para que todo vaya bien.

Si crees que esto está pasando, no te culpes

Si crees que esto puede estar pasando en tu familia, no te culpes, no se trata de responsabilizar a unos o a otros.

Ningún padre se levanta por la mañana pensando “voy a delegar en mi hijo responsabilidades que no le corresponden”.

Son situaciones que se van configurando poco a poco como medio de compensación en un momento dado, y que se solidifican sin que nos demos cuenta.

Lo bueno es que una vez se ha identificado, de la misma manera que se establecieron estas dinámicas en la familia, se pueden establecer otras más sanas y facilitadoras.

Pero, ¿cómo?

Qué se puede hacer (movimientos trabajados en terapia familiar)

Estos son algunos movimientos con los que trabajamos en terapia familiar.

Devolver responsabilidades

Si vuestro hijo está mediando en conflictos, bloquearle ese comportamiento y asumir vosotros la resolución de los mismos, o, si por otra parte, está sosteniendo emocionalmente a algún adulto de la casa, este adulto debe buscar apoyo en otros adultos y devolverle al menor que se le agradece su apoyo, pero que no es necesario.

Proteger al niño del conflicto de pareja

Las dificultades de los adultos no deben nunca convertirse en una carga para los hijos. Separar los problemas de la pareja del rol de padres es importante para que los hijos no asuman la responsabilidad ni la carga emocional de los mismos.

Decir en voz alta lo que corresponde

  • “Esto es cosa de adultos”
  • “No tienes que preocuparte por eso”
  • “Yo me encargo”

Fomentar el juego

Cuando los niños juegan, se colocan en el lugar que les corresponde. Fomentar el juego en casa alivia presión, recuerda al niño que puede seguir siendo pequeño.

Ejercicio sencillo para tomar consciencia

Te propongo un ejercicio sencillo.

Hazte estas preguntas, no para castigarte, sino para tomar conciencia y empezar a poner en práctica algunos de los movimientos que acabo de explicar:

  • ¿Mi hijo/a sabe cosas que no debería saber?
  • ¿Se preocupa por mí tanto o más que yo por él/ella?
  • ¿Siente que tiene que mediar en el ambiente para que todo esté bien?
  • ¿Le he pedido alguna vez un apoyo emocional que debería haber buscado en otro adulto?

Si te han sorprendido tus respuestas, vuelve a leer el punto anterior y reflexiona sobre qué cambios te gustaría hacer en cómo funcionan algunas dinámicas en la familia.

Devolver a cada uno su lugar.

Cuando los adultos ocupan el lugar de sostén y protección que les corresponde, los hijos pueden estar en su espacio de crecimiento.

Un niño no necesita ser fuerte para que la familia funcione. Un niño necesita espacio para aprender, equivocarse, jugar… Un lugar en que sentirse seguro le ayuda a crecer.

Coral Jiménez | Psicoterapeuta

Coral Jiménez | Psicoterapeuta

Hola! Soy Coral Jiménez, psicoterapeuta especializada en Terapia de pareja.

Si este artículo conecta con algo que estás viviendo, quizá sea buen momento para escucharlo con más atención.

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